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Bodega Carol

Bodega loca y cañí en el ilustre barrio del Clot encantada de servirles de toro un poco hasta que las cañerías aguanten.

Si los quesos os gustan más que el sexo, lo primero que veréis son las urnas transparentes con ladrillos amarillentos que descansan al lado de la barra. Disponen de una quesería de cojones, mucho cuidado con el queso apestoso onubense. Pero si giráis la cabeza y veis la pizarra, no lo dudéis: albóndigas, cecina de toro, croquetas y cualquier cosa del cerdo. Cuando tocan embutidos, tocan materia prima ibérica de clase muy alta. No os dejéis engañar por su aspecto destartalado (uno de sus encantos), esta taberna tiene más espíritu y buena comida que todos los locales de diseño de Barcelona juntos. Y me quedo corto.Los ideólogos y rescatadores de la Bodega Carol tienen dos y tres dedos de frente. Cogieron una taberna antigua con sobrada personalidad y, en lugar de volverse locos, decidieron mantener su encanto de tugurio obrero intacto. Acertaron. A un par de minutos de la parada de Encants, la Carol es un recuadro entrañable de baldosa, ladrillo y madera.

No faltan los barriles reconvertidos en mesa, las barricas de vino gigantes en las alturas y los surtidores de vino barato. Las medianas Estrella van que vuelan y rellenan la barra y las mesas de la terraza de cadáveres de vidrio retornable. Un vinilo de Joan Capri en una vitrina, una barrica de vino colgando de la puerta del inodoro…

La Bodega Carol es la pera. Acoge a un público de barrio que va de los 25 a los 60, es un ejemplo vivo de la clásica taberna cañí de Barcelona y está sobrada de algo que escasea en la ciudad: sentido del humor. Id con hambre. Contad los miles de llaveros que tienen colgados en las paredes. Como dice su lema: ¡que no falte de ná!

Cómo llegar: